OPINIÓN de Carlos De Angelis – En una época donde la palabra política ha ido perdido su valor, la primera apertura de sesiones del Congreso Nacional del presidente Mauricio Macri ha concitado el interés de buena parte de la sociedad. Esto se debe a varias inquietudes que el discurso había generado, como conocer si finalmente habría un inventario de la herencia kirchnerista, saber cuál es la agenda legislativa del Gobierno de la alianza Cambiemos, y también observar el desempeño personal de Macri en un terreno escarpado.

Fueron 61 minutos de discurso, 38 interrupciones por aplausos y 2 abucheos. En este tiempo, se vio a un presidente entre tenso y circunspecto (¿o enojado?), que improvisó la parte inicial y final de su alocución, que leyó mecánicamente buena parte de su mensaje, al punto de equivocadamente reiterar una página, lo que le arrancó la única sonrisa de la mañana.

Quienes sostenían que no servía mirar hacia atrás hablando sobre la herencia kirchnerista perdieron.

“La maldita herencia”. Prácticamente, ocupó la mitad del tiempo en criticar duramente al Gobierno pasado. Intentó detallar los problemas dando cifras, como una táctica astuta para minimizar las discusiones posteriores. Sin embargo, no hubo datos para expresar el desorden general que habría encontrado (“Faltan documentos, no hay estadísticas, cuesta encontrar un papel”), sí para mostrar el aumento de la pobreza e indigencia citando cifras del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, y también para señalar el aumento del empleo público, que, según su exposición, pasó de 2.200.000 a 3.600.000 empleados.

Un punto polémico de la enumeración es el incremento de la carga impositiva con respecto a los años noventa (“Pagamos 694 mil millones de dólares más), dato que se suele analizar en términos relativos al PBI. Otro dato que se debatirá será el costo del conflicto con los fondos buitre, donde, según las cifras que Macri planteó, habría pasado de 3 mil a 11 mil millones de dólares, valor relacionado con el cierre de las actuales negociaciones.

De todos modos, más allá de todo lo nombrado, el abucheo opositor provino de su comentario sobre la inflación (“La causa principal de la inflación fue la utilización del Banco Central para financiar el gasto público y las deudas. Esto sometió a la población a una suba de precios constante que daña principalmente a los hogares que menos tienen”). Esta frase apunta al corazón de la filosofía del kirchnerismo, que sostiene su razón de ser en la defensa de los más pobres, mientras que obvia que parte de las medidas tomadas por el Gobierno macrista incentivaron la suba de precios, en especial de los alimentos.

La otra mitad del discurso inaugural se podría dividir en tres zonas.

Logros de Gobierno. La más llamativa fue la enumeración de los logros de sus dos meses y veinte días de Gobierno. Por un momento, recordó a Cristina Fernández de Kirchner, quien solía emplear el acto ante la Asamblea Legislativa como una defensa de su Gobierno y a un detallado recuento de sus acciones. Para esto Macri enumeró la quita de las retenciones, el levantamiento del cepo cambiario y el aumento del piso de ganancias como resultados positivos de su gestión.

Proyectos. En la segunda zona, propia de los proyectos parlamentarios, Macri expresó en términos genéricos propuestas para reformar la justicia y combatir la corrupción (ley del arrepentido), propuestas para el ámbito educativo (creación de un instituto de evaluación docente), recomposición de la Corte Suprema de Justicia y (la que necesita en forma urgente) cambio de las leyes que le permitan reabrir el canje de deuda a fin de cerrar el acuerdo con los holdouts.

Campaña permanente. Finalmente, la tercera zona en el speech inaugural fue la continuación del discurso de campaña. Lograr la pobreza cero, combatir el narcotráfico y unir a los argentinos fueron sus eslóganes favoritos durante el proceso electoral y reiteradas en la apertura de las sesiones, a los que le sumó la confrontación a la negatividad de quienes creen que las “cosas son así y tienen una visión triste y frustrante” (a lo que los legisladores de Cambiemos y quienes estaban en los palcos respondieron gritando “¡Sí, se puede!, ¡sí se puede!”).

Consecuencias. Macri y su equipo saben que este tipo de discurso apunta a enfrentarse al kirchnerismo, busca oprobiar a este espacio político que muy probablemente se oponga a todas sus iniciativas parlamentarias. También saben que Cristina no se retirará a cuidar a sus nietos y muy probablemente sea candidata a senadora en 2017, elemento que posiblemente fue puesto en la balanza a la hora de decidir ocupar buena parte del discurso en “la maldita herencia”. Esto también se notó al observar lo que tomaba las cámaras de televisión en cadena nacional, principalmente legisladores oficialistas y equipo de Gobierno, al evitar mostrar los carteles que portaban los legisladores del Frente para la Victoria.

En síntesis, una apertura en el tablero de ajedrez que busca domar un congreso que le traerá más de un dolor de cabeza al Presidente.

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